Se cree que lo tiene
pero sin pedirle permiso
se lo quité.
Fue una tarea sencilla.
Como ladrón de guante blanco se
lo robé con sigilo y discreción,
ni cuenta se dio, distraído
como estaba en sus quehaceres
domésticos.
No creo que lo eche de menos porque
apenas lo utilizaba, y si nota alguna molestia
seguro la achacará al estrés del trabajo
o a la falta de ejercicio.
En la remota hipótesis de que un día
se diera cuenta de su falta,
me haré la disimulada.
que vaya a la oficina de objetos perdidos
Pero por mucho que busque,
no lo encontrará,
lo tengo bien guardado,
es mi secreto y no pienso decir dónde.
Solo una advertencia les hago,
tengan cuidado porque por ahí anda
un hombre descorazonado.
Uffff ashito!!
ResponderEliminarYo no me hiciera tantas ilusiones... difícilmente un hombre se descorazona.
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